Salí en silencio, dejé las luces apagadas para no despertar a nadie de los que dormian a esa hora, claro era natural en un día laboral como cualquiera. Las vacaciones me provocaban insomnio asi que decidí sacar a mi perro un rato y aproveché detrás de él sacar un cigarrillo fugitivo de mi morral. No quería pensar en la sonrisa que no me dejaba en paz.
Caí descalzas, despacito por el oscuro pasillo del patio a las 2:30 am...el sueño aun no llegaba. Me paré en medio del negro lugar, pensé en los ojos extraviados y en el sin fin de latidos. Observé las estrellas, me iluminaron en el momento preciso en que tambien encendí mi pequeño cigarro que tomé con cuidado entre mis dedos, lo que pareció un ritual ridiculamente trillado, pero quise fumar bajo las estrellas como aquella noche de diciembre en Valparaiso. Las observé y brindé por los ojos asechantes de mi memoria, del pasado eternamente encarnado en mi piel.
El silencio, fue invadido por cada aspiración de tabaco en mis pulmones. Callada, por mi cuerpo, el torrente sanguineo se invadía por una canción de Calamaro. En ese preciso instante una seguidilla de pasos llegaron hasta mis oidos. Eran livianos y forzados, mas bien apresurados, pero no era un solo grupo de pasos eran dos, este segundo tenia un ritmo de cuatro patas.
Pareció eterno el caminar de ambos sujetos. Del primero pude echar a volar la imaginación y reconocer un sin fin de personajes. Tomé la iniciativa de asociarlo a personas conocidas e imaginarlo en todos los casos posibles : mujeres con botas o tacones, un hombre delgado con zapatos pesados...Pero otra vez la sonrisa invasora, entrometida asomó su su delicado cuerpo, como un espejismo me pareció pensar que podias ser tu, esperando poder fumarse aquel cigarrillo conmigo, como tantas veces antes, en las inmortales tertulias de abrazos y del encuentro conmigo.
Los pasos se desvanecieron a los segundos y yo aspiré la última bocanada de humo de tabaco, todo me dejó en estado completo de exitación, al reconocer que sólo fue alguien, un ente, un solitario andante acompañado de un perro callejero, que no era ni tu ni yo, no, por el contrario era un espejismo del insomnio en el que me sumé, con el astío de la rutina de un verano caliente de enero.


2 comentarios:
que nostalgia nena que nostalgia, bonita forma uno siempre los ve en todos lados
imaginate yo que soi piti
me encantoooo... oie y esa sonrisa de quien era ahh jijiji... me encanta que cada vez tu forma de escribir valla en alza te aodroo mujer niña o niña mujer , pero te quiero igual jajajjaja perdón... te requiero
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